sábado, enero 31, 2009

EXPRESION AUTENTICA DE LOS BARRIOS POPULARES


Salsa, expresión auténtica de los barrios populares


En algún momento, después de 1930 y 1942, se produce la ruptura del sonido en Cali. En nuestra ciudad se bailaba, como en el resto del país, rumba criolla, bambucos, torbenillos, guabinas y música de la costa atlántica de Colombia.

El oído a través de las emisoras que se crean, Radio Cali, La voz del Valle, La Voz de Colombia, Radio Higueronía, RCO y Radio Sport, pero especialmente por las trasmisiones de emisoras internacionales que se escuchaban en horas nocturnas como la XWE, CMQ, Radio Progreso y Radio Habana, de La Habana, conoce la música del Trío Matamoros, El Septeto Nacional, la Sonora Matancera, la orquesta Riverside, Beny Moré, posteriormente el Chachachá y el mambo.

La memoria auditiva se amplia a la memoria visual y es así como el cine mexicano, en lo que se denominó “el cine de rumberas”, con Ninón Sevilla, Tongolele, Meche Barba, María Antonieta Pons y Rosa Carmina, presentan las agrupaciones cubanas y la manera de bailar estos ritmos.


La historia contemporánea de Cali es la historia de su música y del baile. En 1945, la ciudad contaba con algo más de 150 mil habitantes. Quince años después, es una suma de barrios que alcanzan 470 mil habitantes. El barrio que lidera esta revolución cultural es el Obrero, por los componentes sociales que lo integran. Además la misma municipalidad determina que la Zona de Tolerancia se instale, a partir de 1940, en la carrera 12 con calle 19. Nacen bares y bailaderos que se convirtieron en hitos históricos como Copacabana, Ritmo Alegre, Acapulco, Fantasio, la Terraza Belalcázar. Rayos X, El Avíspero y, posteriormente, Nápoles y Cangrejos. Fuera de Cali, se crea la ruta del Cauca, en Juanchito, con bailaderos como Agapito y El Pailón.


La ciudad, poco a poco, despierta el tambor que tenía adentro y la música de negros es la gran expresión de los barrios populares.



El baile es claramente imitativo, se tomaban los pasos de Resortes para hacer el mambo. De igual manera, la guaracha y el chachachá. La gran innovación se produce con la pachanga, un ritmo que lo inventa Johnny Pacheco en Nueva York. La pachanga, en la medida que la pareja se suelta, da paso a la imaginación, le permite al bailarín caleño desligarse de la tradición del son y la marcación acostumbrada. En esa perspectiva, debemos destacar los aportes de una generación brillante como Jimmy Bógalo, Diego Dusán, Antonio Catacoli, Horacio Henao, Felix Veintenillas, Evelio Carabalí, Amparo Arrebato, Ayde España y la pareja Watusi y María. Ellos hacen el tránsito de la pachanga, pasando por el boogaloo, hasta llegar a la salsa.


Con el boogaloo, sobre todo, demuestra que necesita de la celeridad del ritmo y los discos suaves de estos músicos, los hacen sonar a una mayor velocidad. Es una discusión que requiere de otros puntos de vista para ser ampliada y no es este el escenario indicado. Lo cierto es que el bailarín caleño no se apega a la clave, como lo hacen los cubanos, sino que hace una marcación a todos los instrumentos. Este estilo, con su propia complejidad, se ha impuesto nacionalmente y ahora entra triunfante en las competencias internacionales.



La pachanga continúa siendo un ritmo preferido por los bailarines. Todavía un disjockey en el año 2000, afirmaba: “cuando la pista está sola el único camino seguro de llenarla es la pachanga”. Nadie la recuerda hoy en día, a menos de los eruditos que tratan de establecer quién fue realmente su inventor. Todo parece señalar que fue Johnny Pacheco y no Eduardo Davidson. Los cubanos radicales, tanto de La Habana, como de Miami, ya se están rasgando las vestiduras.

En 1974, José Pardo Llada organiza un campeonato mundial de salsa en el cual triunfan la pareja integrada por Watussi y María. Watussi rompe con el pasado, salta, hace piruetas, se eleva, mientras que María mantenía la elegancia, la sensualidad y la velocidad, virtudes que hemos podido recuperar en bailarinas como Liliana Salinas y Benicia Cárdenas, que empezaron el ballet Salsa Cali Rumba, y hoy viven en Italia.


En diciembre de 1968, la orquesta de Richie Ray y Bobby Cruz vinieron a Cali para culminar este proceso de hegemonía de lo empezaba a llamarse LA SALSA. De ahí en adelante, hasta los años 90, el dominio de esta música y baile llegó a tanto que Cali pasó a ser llamada la Capital de la Salsa. No es exageración después de la crisis de Nueva York.


Los ochenta es la década del grupo Niche, de Guayacán, del surgimiento de cincuenta agrupaciones, del nacimiento del evento más importante en la Feria de Cali como el Festival de Orquestas, de la creación del nuevo himno de la ciudad, Cali Pachanguero, de Jairo Varela, respetado como un icono de la cultura salsera.


El triunfo de la salsa es la victoria del barrio como entidad social, de la cultura popular que se entronca en el devenir histórico. Nuestras raíces musicales están afincadas en las expresiones negras o mulatas. Jorge Isaacs ya lo había anunciado en su novela María, dejando un extenso testimonio de la presencia africana en el Valle del Cauca. Ahora Cali es la tercera ciudad negra de Ibero América, después de Bahía(Brasil) y La Habana(Cuba). También se ha convertido en la Capital del Pacífico, convirtiéndose en la sede del festival de música Petronio Álvarez.


El bailarín caleño nace de la rumba, de la fiesta familiar, de los bailes de cuota, de los aguaelulos, de la verbena callejera, de los grilles, de las discotecas y tabernas, de las amanecidas en Juanchito.


A partir de los finales de los 90, nacen las escuelas de baile. Es el momento de la crisis económica de Cali por efectos del narcotráfico, las orquestas desaparecen o entran en receso, las discotecas cierran, los festivales de orquesta los dejan acabar, las viejotecas nacen como una reacción popular. A estas escuelas de baile se les debe reconocer que asumieron el honor de defender la salsa en Cali y lo hicieron con inteligencia porque trabajaban desde la base popular y desde la infancia.


Swing Latino, dirigida por Luis Eduardo Hernández, se funda en 1999. Ahora, no sólo tienen el mérito de representar bien el estilo del baile caleño, sino que han sido exaltados como los mejores del mundo en el campeonato de Las Vegas, en diciembre de 2006. Una encuesta reciente nos hablan de 40 escuelas activas en Cali. Swing Latino es el producto del esfuerzo, la dedicación y el talento. Así como ellos viven su momento de gloria, otros están listos a ocupar sus sitios.



De manera que la salsa está viva en Cali, porque está viva en sus barrios, en sus raíces, en los sentimientos más hondos de la gente pobre, como dice Cheo Feliciano.


Ya soportamos el embate del meneíto, de la lambada, de un merengue comercializado a pesar que el merengue tradicional hizo parte de la salsa. También del vallenato, del cual se está encargando el regueaton, que lo está sacando a patadas. En fin, la moda es inevitable, pero viene y se va, porque esencialmente es efímera. La salsa es la raíz, es lo que queda. Es como si La Habana no fuera son, Río samba, o Buenos Aires tango.



Cali es la memoria musical más importante de la salsa, porque tiene la música adentro. Por eso lo que van a ver ahora, con el grupo de El Mulato, es un espectáculo digno de estar en cualquier escenario del mundo. Es la auténtica expresión del pueblo caleño, que compite bravíamente con los cubanos y los puertorriqueños.

UMBERTO VALVERDE

ARTISTA (LUISA MESA)

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